Artículo escrito por: Alberca Servat, Camilah; Lastra Briones, Adriana Abril
Las viviendas sociales se conciben como proyectos habitacionales subsidiados, en su mayoría, por los gobiernos, con el objetivo de proporcionar hogares accesibles a poblaciones de bajos recursos. En principio, buscan mejorar la calidad de vida de sus habitantes al ofrecer infraestructura básica y acceso a servicios esenciales.

Sin embargo, la realidad muestra que muchos proyectos existentes reproducen tipologías tradicionales impuestas por los Estados, caracterizadas por ser rígidas, impersonales e insostenibles. Bajo una lógica de eficiencia productiva, la vivienda social se ha reducido con frecuencia a la construcción de módulos habitacionales de bajo costo, donde la prioridad es levantar la mayor cantidad de unidades posibles al menor precio y con consumo altísimo del suelo. Este enfoque, cercano a un modelo de planificación estandarizada, deja de lado la calidad del entorno urbano, la vida comunitaria y las necesidades reales de las familias. Gobiernos, arquitectos y planificadores suelen diseñar sin consultar a quienes habitarán los espacios, imponiendo soluciones generalizadas que ignoran costumbres, dinámicas sociales y aspiraciones individuales.

Frente a este panorama, surge la necesidad de repensar la vivienda social desde un marco más inclusivo, participativo y enraizado en la diversidad cultural, espacial y ecológica de las ciudades latinoamericanas. El reto no consiste únicamente en construir casas, sino en crear tejido urbano vivo, con espacios que fomenten integración, sostenibilidad y sentido de comunidad.
El propósito principal de la vivienda social debería ser garantizar el derecho universal a un hogar digno, ofreciendo opciones de compra o alquiler accesibles que permitan a familias en situación de vulnerabilidad acceder a un espacio seguro y estable. Sin embargo, como señala el arquitecto Aldo Facho (2024), en muchos contextos estas viviendas no están llegando a los más necesitados: “Los propietarios son ahora clase media alta para estar más cerca de la capital”. Este fenómeno evidencia que la política habitacional prioriza la demanda de los sectores medios en zonas urbanas centrales, dejando de lado a quienes realmente requieren apoyo para acceder a una vivienda.
En este marco, resulta pertinente analizar el aporte de dos artículos del mismo autor que abordan críticamente esta problemática: “Vivienda social en Latinoamérica: diseño capaz de establecer ‘pertenencia emocional’” y “Antipatrones de la vivienda social en Latinoamérica”. Ambos cuestionan el modelo tradicional de vivienda social, centrado en la eficiencia económica y el control centralizado, y proponen alternativas basadas en la participación ciudadana y la integración cultural. Mientras el primero enfatiza la creación de entornos diversos y emocionalmente significativos, el segundo se concentra en evidenciar las fallas estructurales del modelo vigente y en plantear nuevas metodologías para construir ciudades más vivas y habitables.
El contraste se enriquece al comparar estos textos con “Referencias de calidad en la política pública de vivienda social en Chile”. Allí se identifican dimensiones que definen una vivienda social de calidad —integración social, planificación comunitaria, conectividad urbana—, coincidiendo en que el modelo actual es insuficiente y necesita transformarse hacia propuestas más humanas y participativas.
Un punto común en la literatura revisada es que la vivienda social ha sido concebida como un objeto físico y no como un proceso social. Esta visión reduccionista genera diseños repetitivos, desconectados del entorno natural y poco adaptables a las dinámicas familiares. La planificación “de arriba hacia abajo”, en la que las autoridades imponen criterios sin involucrar a los futuros residentes, reproduce espacios impersonales y rígidos. En contraste, un enfoque “de abajo hacia arriba” permitiría a la comunidad participar activamente en el diseño, logrando viviendas con mayor pertinencia cultural y funcional.

Ejemplos concretos refuerzan estas críticas. En el barrio TP de Piura, González (2023) recoge testimonios que evidencian la insuficiencia del modelo impuesto. Esther, de 40 años, relata: “Para conseguir mi casa he trabajado bastante y renuncié a muchas cosas […], porque el módulo que recibimos no era suficiente para acomodar a la familia; con el tiempo hemos hecho cambios, lo importante es que ahora tengo mi casa”. Este caso muestra cómo las viviendas requieren adaptaciones constantes para responder a las necesidades cotidianas de sus usuarios, lo que cuestiona la pertinencia de los diseños uniformes.
Del mismo modo, otros habitantes valoran la posibilidad de ampliar su vivienda con el tiempo y de acuerdo a sus costumbres. Miguel, de 32 años, explica: “Una casa independiente tiene mayores posibilidades para las ampliaciones y redistribución de los ambientes” (González, 2023). Estos testimonios reflejan la preferencia por modelos flexibles y vinculados a la tierra, en concordancia con tradiciones andinas que priorizan la expansión gradual y la conexión con el entorno.
Los problemas del modelo actual también responden a limitaciones estructurales. Como señalan Baptista et al. (2024), la presión por construir rápidamente y a bajo costo conduce a soluciones repetitivas, con materiales de baja durabilidad y mínima inversión en espacios públicos. A ello se suman normativas gubernamentales rígidas sobre densidad, superficie mínima y distribución de servicios, que reducen la capacidad creativa de los arquitectos e impiden innovar en soluciones más humanas y sostenibles.
Estas limitaciones no solo impactan en lo material, sino también en lo social y emocional. Galarza y Solano (2010) advierten que la pérdida de valor de un hogar puede provocar la desintegración familiar y afectar el rendimiento escolar de los niños. Una vivienda que se concibe únicamente como un “techo funcional”, sin privacidad, sin espacios comunitarios y sin calidad constructiva, pierde su sentido de refugio, identidad y pertenencia.
Ante ello, se vuelve urgente proponer alternativas capaces de devolver a la vivienda social su carácter integral. El diseño participativo, el urbanismo de escala humana y la flexibilidad constructiva aparecen como estrategias clave (CONAVI, 2021). Estas propuestas permiten construir hogares que evolucionen junto a las familias, que respeten la diversidad cultural y que fortalezcan la vida comunitaria.
En el caso del Perú, la experiencia demuestra que mantener un modelo rígido, jerárquico y masivo solo perpetúa viviendas inadecuadas y desconectadas de su entorno. La apuesta debe ser hacia proyectos inclusivos, como las quintas comunitarias, que promueven identidad, pertenencia y redes vecinales. Solo así la vivienda social podrá cumplir con su misión: no limitarse a entregar estructuras habitables, sino generar verdaderos hogares donde las personas vivan con dignidad, integración y sentido de comunidad.
La arquitectura, como sostienen Teat Arquitectos (2023), tiene el poder de transformar realidades cuando se pone al servicio de las personas y no únicamente de la eficiencia. Repensar la vivienda social desde un enfoque humano y participativo no es solo necesario, sino posible. La tarea pendiente es clara: dejar atrás la visión industrializada y avanzar hacia una vivienda que, además de ser accesible, represente un espacio de vida, identidad y desarrollo colectivo..
Referencias
- Baptista, B., Tala, N., López, S., Henriquez, P., Dalaison, W., & Saldías, C. (2024). Transformando la construcción en América Latina y el Caribe: digitalización e innovación como claves para la sostenibilidad. Banco Interamericano de Desarrollo. https://rest-dspace.ucuenca.edu.ec/server/api/core/bitstreams/348af2b6-aa68-42e8-ac50-1e3e2971daa5/content
- Comisión Nacional de Vivienda. (2021). Estrategias de diseño arquitectónico. CONAVI. https://siesco.conavi.gob.mx/doc/tecnicos/diseno/Estrategias%20de%20Diseno%20Arquitectonico.pdf
- Galarza, J. S., & Solano, N. J. (2010). La desintegración familiar y su influencia en el rendimiento escolar. Universidad de Cuenca. https://rest-dspace.ucuenca.edu.ec/server/api/core/bitstreams/348af2b6-aa68-42e8-ac50-1e3e2971daa5/content
- González, J. (2023). Estudio sobre la biodiversidad en la Amazonía. Revista de Ecología, 15(2), 123–145. https://core.ac.uk/download/pdf/554080368.pdf
- Philibert-Petit, N. A. S., D. B. A. M., D. M., W. M., & E. (2023). Antipatrones de la vivienda social en Latinoamérica. ArchDaily México. https://www.archdaily.mx/mx/913078/antipatrones-de-la-vivienda-social-en-latinoamerica
- Philibert-Petit, N. A. S., D. B. A. M., D. M., W. M., & E. (2023). Vivienda social en Latinoamérica: diseño capaz de establecer «pertenencia emocional». ArchDaily en Español. https://www.archdaily.cl/cl/908828/vivienda-social-en-latinoamerica-diseno-capaz-de-establecer-pertenencia-emocional
- RPP Noticias. (2024). Entrevista a Pedro Castillo sobre la situación política en Perú [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=xbVWmR4cTN8
- Teat Arquitectos. (2023). Arquitectura y cultura: Cómo el diseño refleja la sociedad. Teat Guadalajara. https://www.teat.es/noticias/arquitectura-y-cultura-como-el-diseno-refleja-la-sociedad
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